miércoles, 9 de noviembre de 2011

Y no tengo a donde ir...


A pesar de que se, que el imperio de esta noche ha regresado a la arena,
desvanecido de mi mano,
Dejándome cegado aquí, quieto pero sin dormir,
Mi fatiga me asombra, marcando mis pasos,
no tengo a nadie a quien conocer,
Y la antigua vieja calle esta demasiado muerta para soñar.

Llévame en un viaje en tu mágica nave de remolino,
sin sentidos han sido desnudados, mis manos no pueden sentir ni agarrar,
mis pies están dormidos para andar,
esperando solo a los tacones de mis botas para merodear.
Estoy listo para ir a cualquier lugar, estoy listo para desaparecer,
En mi propio desfile, pronuncia tu hechizo danzante en mi camino,
Prometo seguirlo.

Aunque creas escuchar risas, girando, balanceándose locamente sobre el sol,
no esta dirigido a nadie, solo escapa a la carrera,
y por el cielo no hay cercas que enfrentar.
Y si escuchas vagos rastros de saltos en la rima, 
a tu tambor a tiempo, es solo un payaso ajado detrás,
no le pongas atención,
es solo una sombra lo que ves que persigue.

Entonces tómame, desapareciendo a través de anillos de humo en mi mente,
hacia las brumosas ruinas del tiempo, mas lejos que hojas congeladas,
Los embrujados, asustados arboles, lejos de una ventosa playa,
lejos del retorcido alcance de la loca tristeza,
Si, para bailar sobre el cielo de diamantes con una mano ondeando libre,
Marcando su silueta por el mar, rodeado por las arenas del circo,
con toda la memoria y destino, que llevan mas allá de las olas,
déjame olvidarme de ello hoy, hasta mañana.

Oiga, señor del tambor, toque una canción para mi,
no tengo sueño y no tengo a donde ir.
Oiga, señor del tambor, toque una canción para mi,
y en trajín de la mañana yo lo seguiré.